Pegostosa responsabilidad

La literatura y el texto son relaciones dependientes, así como una ardilla necesita de la bellota, también la bellota necesita de la ardilla, que la entierra y en un juego de escondidos la bellota se mantiene hasta florecer. Con la misma lógica la literatura necesita del texto, este ente tan particular. Ha hecho a lo largo de la historia que filósofos de la talla de un Nietzsche haya dicho “pudimos escapar de Dios, pero no podremos escapar de la gramática“, o como un Derrida con su famosa tesis “nada está fuera del texto“.

De esta manera, ni tú, ni yo, podemos esquivarlo, porque lo que existe en la inmensidad de posibilidades del idioma, de las partes comunicativas, de eso que llamaba James Hillman “el discurso retórico” en obras como El Animal Humano, está y se remonta al texto y se nutre de la literatura que lo enriquece.

Partiendo de esto, la literatura en su forma absoluta vendría a embellecer al texto, con ayuda de su caja de herramientas, tantas veces evocada por escritores del calibre de Horacio Quiroga o el mismo Stephen King. Es interesante pensar si la literatura se nutre de nuestras experiencias o si nuestras experiencias se nutren contadas de manera literaria. Por eso el tiempo, o el ambiente no intenta pelearse con ella, bailan a su son, y pueden volar de un lado a otro, localidad en localidad, presente, o pasado. Todo está dentro de un sin fin de posibilidades. Actúa con responsabilidad en esa sabiduría cuando vayas a escribir.

Los géneros literarios nunca fueran más irrespetados, en su virtud canónica como en nuestro tiempo donde todo está al alcance de todos y nada vale más que nada. Con el bombardeo de información hemos sido inducidos a perder la sorpresa en ciertos casos, deviniendo en una infinidad de pseudo-géneros que se arremolinan en una biblioteca que nunca será leída por completo. Evoco la gran imagen expuesta por Borges en su cuento La Biblioteca de Babel.

En principio, se dividió la literatura en tres grandes ramificaciones, que ahora juegan en el recreo con los mismos uniformes y son capaces de embarrarse en la misma tierra.

La narrativa, testigo de grandes hallazgos históricos como la mil y una noches, los cuentos de guerra de Maupasant, y un sin fin de clásicos, fue creada para crear una realidad aparte y darnos una manera de ver el mundo, siempre con la manera y el estilo de un narrador o varios, en forma de deidades o de confesores, que por parte del azar y el respeto es una historia a la que permitimos persuadirnos.

La poesía, que vuela a las profundidades de los sueños, como en los conjurados de Borges, o se debate en el desastre de la crítica social como en El árbol de Chernobyl de Lucila Velasquez, es un género que por sobre todo busca la belleza y se dispone a hacernos pensar las palabras en otros significados que los habituales. ¡Qué distinto sería occidente sin la aparición de La moneda falsa de Baudelaire!

La dramaturgia, que con obras como Calígula de Albert Camus o Los miserables de Victor Hugo nos dan muestra de una exacerbación de la realidad, con ese toque trágico de la vida. Después de todo tan llena de conflicto, para seguir en la búsqueda de sentido.

A modo de conclusión dejo la siguiente provocación: después de la intromisión de nuevas maneras de crear literatura, naciendo así formas y estilos difíciles de clasificar ¿Creemos todavía necesario mantenernos rígidos a los cánones de la academia?, aparte de esto ¿Debe haber un límite en la responsabilidad del que escribe? Con esto me despido, ya yo decidí.

 

Canto sordo

“Habla solo si puedes mejorar el silencio”. Jorge Luis Borges.

Entra en escena el escalofrío,

en un día de nubes y donde entra lo que espero

taciturno vago en el ego de los manglares de tu oído.

 

No despierto entonces mi razón y mucho menos mi corazón,

y es muy tarde para recontar o reencontrar los daños,

me atrapa la nubareda y no me suelto ni en las ilusiones de mi pensamiento.

 

Dispongo de todas mis fuerzas, intentando sin éxito,

llorar de alegría por un planeta tan cuadrado,

donde las sombras engullen la sonrisas del aurora,

continúa el egoísta viaje por el éxito de la liebre, que siempre primera llegará.

 

Está mi otro yo, combatiendo en la batalla dentro de mí,

y el caminante llama a la verdad que se hace pírrica,

porque no mira en derredor, más bien se cree dueña del alrededor.

 

Recuesto mis palabras en el devenir de mi niñez,

que se siempre me hace reflexionar sobre lo que mi ser merece,

cuento los cuentos que estoy tan solo dispuesto, porque los demás,

me hieren y me roban la individualidad.

 

El tercero

Historias, entretejen su flujo para desplazarse
las pisadas desdibujan nuestro devenir,
engreídas miradas de los que se saben vencidos
en el juego donde el que vence ha muerto, sin pensar que está jugando.

La voz ha permanecido muda durante la siesta inmensa,
fiel a las bestias que contemplan esta suerte. La humildad.
Símbolos que vistieron la sangre con luz artificial,
hemos dejado de existir para el tercero.

Esta ilusión tardía ha llegado para amargar su rebeldía de muchas lenguas,
con las máscaras adheridas a nuestra realidad.
Punto que observo sin mirar, el bulto y su desvencijado reflejo,
brisa es lo que siento, no lo que digo al pretender explicarla.

Ronca la voz que infla los empegostados pechos intelectuales,
me reclaman a la distancia de los caídos, la batalla solo continúa,
en estas aguas no hay futuro, con un pasado sin enfocar,
la corriente, poderosa en su epicentro, despeja el clamor de las voces afligidas en la orilla.

Pasarán los mismos ojos mudos, al mirarte no fallecerán de sed,
el aire de goma pintará los pulmones, viejos, ya desgastados, no convence,
y los alaridos de trompetas no van a desentonar en el trono de la novedad,
ya el silencio me ha turbado la razón, y el tercero sigue sin existir en esta ciudad.

Búsqueda

Bailan las baldosas,
se mecen en el horizonte
cauto y estrecho.

Se chocan sin rozarse,
no hablan de lo que pasaría en las murallas.

Musitan el dolor que crece,
chorreando, chorreando.

Mientras crece una, la otra, opuesta,
empuja la llovizna
que la empapa y la marchita.

La roca solo es roca estando fría y muerta de frío,
no pretende y no llega al no pensar en su destino.

Pues el otro, el que miente,
no posee espejos para aclarar su narcisismo.

Próxima se encuentra la hora del juego,
con los pies frescos de dolor,
miro al horizonte que continúa chorreando, chorreando.

Chicas que cuentan chistes

Los tiempos que remontan la pradera del presente, nos indican una sociedad cansada, distraída de tanta autoayuda, tanto positivismo, Angélica Quiñonez no esconde su cansancio pero lo muestra como nadie más lo hace.

Liberoamérica

La comedia es un pésimo pasatiempo para el orgullo. El género más subvalorado de todas las artes lingüísticas es perfecto para deconstruir los mitos de la humanidad, tanto espirituales como comerciales. Y es por esa razón que aún me sorprende la prevalencia de paradigmas dentro de su práctica, principalmente en términos de la autoría y su autoridad, valga la redundancia, en materia de género.

La primera comediante que conocí fue la columnista Erma Bombeck. Mi madre y mi abuela aún citan algunas de sus anécdotas y chistes que leí en su antología póstuma Forever, Erma. Aunque muchas de las referencias y chistes estaban fuera del alcance de mi cerebro de 10 años, yo disfrutaba releyendo las historias que sí entendía sobre las travesuras de sus hijos, las visitas al supermercado o los chismes de las vecinas. Pero cuando crecí y me interesé en la “literatura de adultos” me percaté del…

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El Clarín Literario: Jorge Luis Borges

Entrevista a un grande

Jorge Luis Borges es considerado para muchos como un maestro literario por excelencia, el argentino llevó a la escritura cuentista a un nivel exquisito.

Con sus metáforas en prosa recurría a extraversiones propias de un intelecto intachable, sus textos tienen muchos conceptos a interpretar debido a que en sus ficciones acostumbraba a vincular una imaginación razonada muy cercana a lo metafísico así como cercano al lector en muchos otros. Entre sus obras —relatos cortos, ensayos y antologías— están “el milagro secreto”, “la intrusa” —siendo una pequeña parte de una biblioteca basta y fructífera— hacen referencia a su genialidad, a su obsesión con la relatividad del tiempo. Escritores como M. Vargas Llosa, indican que “en los escritos de Borges está todo lo necesario para entender el mundo de la escritura”.

En el presente artículo compartiré con ustedes de las más enigmáticas entrevistas que le hicieron al escritor, espero la disfruten y dejen sus comentarios acerca de lo que opinan.

 

FuenteClarín literario, jueves 10 de junio de 1971
Jorge Luis Borges sí sabe leer y escribir. Con esta irónica respuesta al absurdo requerimiento de una planilla burocrática que cumplimenta su secretario, comienza la entrevista en la Biblioteca Nacional.

Sabemos que a usted no le gusta hablar de sí mismo, pero ¿se preguntó alguna vez qué piensan los argentinos cuando oyen el nombre, ya tan familiar, de Borges?
Yo diría que son excesivamente generosos cuando piensan en mí.

Los jóvenes en especial, piensan en usted. Algunos lo admiran, otros lo atacan, ¿qué es la juventud, Borges?
Es una etapa de incertidumbre, de ingenuidad y, en general, de desdicha.

Le preguntamos algo más con respecto a los jóvenes argentinos. Hace una pausa –esos silencios tan propios de su conversación-, y dice:
Los veo exactamente igual a los de otros países, aunque quizás son más tímidos acá. He encontrado el diálogo más fácil con los estudiantes de Estados Unidos que de la Argentina.

Su secretario lo interrumpe, nuevamente, para que firme ese formulario en el que la Universidad le pregunta si sabe leer y escribir. Y aunque ya nos había anticipado que no quería hablar de política preguntamos, a modo de introducción:
¿Cree que los jóvenes están demasiado politizados?
Creo que sí, que es casi su única pasión. Cuando yo era joven la política nos interesaba muy poco.

¿Tuvo alguna vez, en su juventud, ideas revolucionarias?
Sí, era como mi padre: anarquista e individualista. Ahora soy conservador, pero no hay mucha diferencia entre ambas cosas…

¿Qué piensa usted del conservadorismo?
Creo que ofrece la ventaja, que no comparten ciertamente los otros partidos, de no fomentar, ni siquiera tolerar, el fanatismo. Todo conservador es una persona tolerante, y un poco escéptica. El comunismo y el nacionalismo fomentan el fanatismo, la intolerancia. Creo, no obstante, que el fanatismo no es un mal congénito del hombre porque hay épocas en que no se ha dado. No hay panaceas para remediarlos, eso depende de cada uno.

Le comentamos que mucha gente entiende que él vive al margen de la realidad, una imagen que es necesario destruir. Con humor particular, acota:
¿En qué otra parte voy a estar? Si viviese en la irrealidad sería muy interesante, pero, hasta ahora, no ha sucedido.

Tal vez piensan eso porque usted no quiere dar cierto tipo de opiniones. (Nos interrumpe).
Quiero aclarar eso: quiero decir que mi posición política siempre ha sido clara. He sido adversario del comunismo, del nacionalismo, del antisemitismo y, desde luego, de cierta dictadura de la que prefiero no acordarme. Pero no he permitido que esas opiniones intervengan en mi labor literaria. Eso no quiere decir que las haya ocultado. Las he declarado públicamente, pero cuando escribo un cuento o un poema, estoy pensando en ese cuento o en ese poema. No creo que estoy, como dicen, “encerrado en una torre de marfil”. La creación requiere una amplia libertad, más allá de las opiniones del lector que son, por lo demás, lo más superficial que hay en él.

Sabemos que esta pregunta pueda tal vez, sorprenderlo:
¿Qué es para usted un obrero, cómo lo ve, qué sabe de él?
Con un matiz levemente irónico en su voz, responde:
Sí, he conocido muchos… Creo que la realidad no está compuesta exclusivamente por obreros, sino por todas las clases sociales; por ejemplo, la clase media a la que nunca se la toma en cuenta. Le falta, tal vez, prestigio romántico. La idea de la aristocracia y la idea de lo que se llama pueblo tienen cierto prestigio. La idea de la clase media es escasamente encantadora.

Pero es una fuerza…
Es la mayor fuerza de nuestro país, que se diferencia de otras naciones de América Latina; es la más importante al fin y al cabo. El pueblo y la aristocracia se parecen, son casi iguales: los mismos prejuicios, el mismo nacionalismo.

Dice no entender por qué la gente cuando se refiere al pueblo, tácitamente evoca a una sola parte de él: la más pobre, la más ignorante.
Aún en el país se piensa que el pueblo es el gaucho. Ya no hay gauchos, pero este detalle no se toma en cuenta.

¿Qué piensa del auge del folklore?
Es una calamidad. Con respecto a su autenticidad, recuerden que tengo algunos antepasados de los que me enorgullezco, y desgraciadamente soy pariente de Rosas… (Puede ponerlo).

¿Qué es, a su juicio, lo más auténtico, lo más noble del argentino?
La amistad, la pasión de la amistad.

Recordamos, de pronto, que queríamos hacerle otra pregunta un poco particular:
¿Sabe Borges algo de las villas miseria?
No sé por qué existen; yo sé que nada de eso había cuando era joven. Habrán empezado con la dictadura, supongo. Creo que se deben, en parte, al crecimiento industrial. La gente prefiere vivir no en conventillos –que en comparación son hoteles de lujo-, pero sí en villas miserias con tal de vivir en Rosario, Córdoba, Buenos Aires. El campo se está quedando solo; se están perdiendo todas las artes del campo aquí y en el Uruguay. Esa tradición de la cual se habla tanto ha quedado relegada a la televisión o al cinematógrafo.

Recordamos si bien nos adelantó antes de la entrevista que no hablaría de temas como la guerra de Vietnam, ya que la guerra implica en sí algo más vasto y general. A nuestra pregunta, responde:
No creo que la guerra sea necesariamente un mal. La historia argentina es una historia épica, es una historia de guerras.
(Va enumerando todas nuestras luchas con países limítrofes, con invasores extranjeros y, por supuesto, entre nosotros mismos. Luego, prosigue).
Todas esas guerras han sido victoriosas y han sido, en suma, benéficas para el país.

¿Por qué, entonces, las guerras nos parecen tan terribles?
Porque estamos viviéndolas. El presente es siempre atroz. No creo en la edad de oro ni en la “belle époque”. Para quienes tuvieron que vivirla, la “belle époque” no fue una época particularmente feliz. Las personas que vivían en el año 90 no se sentían especialmente felices. Nadie se siente feliz en el presente. La felicidad corresponde más bien al pasado, a la nostalgia, a la esperanza. En otras épocas la gente no tenía conciencia histórica del tiempo en que estaba viviendo. En cambio ahora, estamos pensando constantemente en el momento histórico que vivimos y eso no nos hace ni muy sabios, ni muy felices.

¿Cómo define usted a la situación de nuestro país actualmente?
Creo que es una época de escasa esperanza, de desidia, nadie espera mucho de nada. En 1910, cuando Rubén Darío escribió la “Oda a la Argentina”, creo que sentíamos que éramos una esperanza para el mundo. No creo que nadie sienta eso hoy. Sentimos que todo está un poco desvaído, un poco gris; y si quieren suprimir un poco, podemos suprimir los adverbios…

No sabemos si Borges querrá responder a esto, pero igualmente lo intentamos.
Borges, ¿qué es el Tercer Mundo?
Creo que es una de las diversas calamidades que conocemos ahora. No entiendo qué quiere decir todo eso. Creo que algunos sacerdotes se han dedicado a hacer demagogia.

¿Tendrá algo que ver con una vieja esperanza argentina de que alguien venga a salvarnos?
Tenemos que salvarnos nosotros mismos cumpliendo con nuestro deber. Creo que yo, escribiendo cuentos, dictando clases, dirigiendo la Biblioteca Nacional, lo hago. No puedo ser soldado como mis antepasados. Ni siquiera he muerto en el 74, como mi abuelo…

Ríe apenas, y dice aceptar plenamente su destino literario.
Si me hubiera dedicado a ser buzo, no habría sido uno muy eminente; tropero, tampoco; sargento, tampoco; político, menos que nada.

¿Qué opina de los políticos?
Creo que, en general, con las salvedades necesarias, los hombres que se dedican a esa profesión son los menos interesantes. Y es que una persona que se dedica a hacerse popular, a hacerse retratar, a que voten por él, no puede ser una persona muy compleja.

Volviendo a lo literario, algunos piensan que usted le da demasiada importancia a la literatura anglosajona.
Sí, es probable. Pero al mismo tiempo querría recordarles que también le he dado mucha importancia a la literatura vernácula.

Esa resonancia que tiene lo que usted escribe o dice, ¿le molesta a Borges?
Es muy rara, pero Borges no tiene la culpa. Le halaga y le asombra. Yo no he hecho política literaria, no he fomentado que se hable de mis libros, ni de mí. Pero es algo que ha sucedido y me siento agradecido y hasta atónito.

¿Cree que los argentinos prefieren leer a sus escritores? 
Creo que hay una superstición en eso de leer libros contemporáneos. Schopenhauer decía que “no hay que leer ningún libro que no haya cumplido cien años porque no podemos saber si es bueno o malo”. Claro que al mismo tiempo se quejaba de que no hubiesen leído sus libros, que no habían cumplido cien años…

Eso es, en cierto modo, la posteridad. ¿Cuál cree que puede ser el juicio de la posteridad en su caso?
No me interesa absolutamente nada. Yo espero ser olvidado, definitivamente.

Para más información como esta necesitaré de su apoyo y comprensión, pienso crear un aula cultural para su disfrute.
Samuel De Aguiar.

 

La era de la información 

En el mundo actual podemos obtener información rápidamente… incluso más rápido de lo que durarías chasqueando los dedos. Con las redes satelitales y la evolución en las telecomunicaciones podemos hacerlo cada vez desde más rincones del planeta,   claro, la interrogante que más puede resonar es, toda esta influencia a nuestro alcance; ¿será perjudicial en algún punto?

Internet, con toda su evolución exponencial es una de las herramientas que más utiliza la indagación para expandirse; ¿la información posee vida propia para controlarse?
No, es una invención de los seres humanos, pues, nosotros la creamos con las primeras transcripciones —en jeroglíficos. En Mesopotamia antigua —3000 a. J. C.—,  la escritura apareció como una necesidad de contabilizar el ganado o los sacos de cereales. Con el tiempo los pictogramas representaron ideas y sonidos. Desde entonces, no podemos separarnos de algún acontecimiento sin que tengamos la necesidad de informar a alguien más, para hacerlo, de cierto modo, verosímil;  algo tan simple como comunicarse para obtener algo a cambio.

Incluso ahora intento hacer llegar éste artículo a ustedes mediante un canal de blog.  El internet es de los más valiosos canales informativos, pero aun así existen muchos más, el habla, los diarios, revistas, televisión, publicidad… marcando su importancia para nuestra vida.

Con todo esto en mente se supone a estas herramientas como inmaculadas, aunque en los últimos tiempos de su evolución —apareciendo elementos como las redes sociales—  hemos experimentado una invasión a la privacidad que antes no se producía a tal escala, es algo que no advertimos a ciencia cierta; pero existen personas dedicadas especialmente a saber todo acerca de todo lo que pasa en cada rincón del planeta, “las paredes tienen oídos” diría mi abuela.

 Los nuevos espías no son como James Bond o George Smiley. No son individuos duchos en el manejo de armas y amigos de la juerga, agentes solitarios arrojados en paracaídas en territorio extranjero y pueden ser el hombre más común que te puedas imaginar. (Keefe, 2006)

Además, al haber tantos medios de comunicación —aquí entran las redes sociales en juego—, canales: personas queriendo ser tendencia, se pierde un poco el sentido o intención de la información, que fue creada e idealizada para contar una historia real y verdadera.

Con la facilidad de que se pueda publicar tan rápidamente, se muestran claros indicios hacia desinformar a las personas, con publicaciones sin fuente, ni bases,  que propagan la ignorancia, creados en ocasiones  sin intensión alguna —falta de conocimiento—, y otras veces con el fin de corromper la red.


Ignacio Gago (Editor y periodista de el “Diario de Sevilla”) dice en artículo para el  diario de mismo nombre: –Es lo que tiene dejar la información en manos del showman de turno y que, como ha ocurrido últimamente, una noticia periodística de última hora se ofrezca a la audiencia durante la emisión de un programa del corazón, entre el griterío del público y con el famoso de turno contando sus últimas hazañas íntimas.


No es un secreto que mucho contenido hoy en día se torna exagerado y poco fidedigno, nos incluye a todos: somos los responsables de que las noticias sean elementos para desinformar. Una de las soluciones a largo plazo ya que a corto plazo sería imposible —debido a que es muy extensa la cantidad de personas involucradas—, es el análisis e investigación en torno a los contenidos que publiquemos —fuentes, publicaciones referentes al tema, bibliografías—, sean citas literarias, fotos de incidentes, noticias políticas, todas las infinitas posibilidades.

Esto con el objetivo de limpiar las redes informativas, y purificarlas con noticias verdaderamente reales, no limitarse con compartir por salir del paso, esto es algo serio y arropa a las generaciones venideras, “Babilonia no hubiera desaparecido si sus habitantes se hubieran visto a un espejo”, es un inconveniente que tiene solución. Está en nosotros y al alcance de un clic o dos.


Bibliografía obtenida de (Demasiada información: la degradación del mundo por la vía informacional. José Paradas “Revista de Cultura”)

 

El niño en tu interior  

Desde que somos concebidos podemos dar cuenta de ser  seres humanos, esto debido a poseer paladar y la conformación de lengua, permitiendo la articulación de sonidos, melodía, comunicación. Está claro que muchos animales poseen estos elementos, pero ninguno tiene la capacidad del discurso retórico.  

Luego de muchas especificaciones sobre el tema se ha profundizado y autores como James Hillman han proporcionado trabajos explicando la verdadera razón que nos vuelve un animal humano, ésta se apega al habla y se nutre de la retórica, explica él en su obra La cultura y el alma animal (Traducida al español por editoriales como Arte).

Hay muchas teorías que se “pelean” por tener la verdad absoluta, por ejemplo, siempre en mente se tienen esas dos guardianas de su verdad, cada una en una esquina del cuadrilátero, en una de la esquinas tenemos como eje principal el “Evolucionismo”, en la que participan infinidades de científicos para aportar datos acerca de ella, muchos de ellos asesinados por sus ideales, a razón de adentrarse en aguas vigiladas por personas con más poder.

Esta idea provino de un hombre común, que a pesar de no ser de los más aplicados, sus ideas se destacaron del resto y ahora su nombre retumba en todos los rincones.

Charles Darwin, quien a la edad de 40 años aportó un trabajo llamado: El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas preferidas en la lucha por la vida.

En esta tesis o teoría estableció que la  diversidad que se observa en la naturaleza se debe a las modificaciones acumuladas por la evolución, a lo largo de las sucesivas generaciones: todos los atributos y habilidades que poseemos en nuestra especie, se desarrollaron debido a las incesantes evoluciones a lo largo de la historia, de las especies primitivas.

Teniendo un origen común con  el homo sapiens (sacando de la ecuación que provenimos directamente de los simios, como se nos ha explicado), ésta teoría tuvo un gran impacto a la sociedad del siglo XIX, XX y el actual, por su aporte.  Como también muchas críticas que siguen perdurando en el tiempo (referidas sobretodo a que en ningún momento esta teoría desea explicar el origen), los más implacables en no aceptarla fue la comunidad cristiana ya que la encuentra incompatible con el relato indicado en la biblia en su libro de Génesis, quien explica a su forma el origen del todo.

Algo que pasa a veces por debajo de la mesa es una palabra llamada expectativa, esta palabra cuando la analizas un poco puedes darte cuenta de que es un “universo” en su sentido propio. ¿Por qué lo digo? Mis razones revolotean con el hecho que desde nuestro nacimiento se nos inculca algo llamado el futuro. O nunca un familiar  (quizás poco conocido por ustedes), se les acercó en una reunión familiar  (donde te hacen ese tipo de preguntas, con la insistencia del inconsciente), mirándote fijamente preguntó: ¿y tú, que quieres ser cuando seas grande?, este es un ejemplo de muchas maneras que tenemos de encontrarnos con este concepto, las respuestas más frecuentes son:

-¡Quiero ser astronauta!

¡Yo bombero!

En mi caso recuerdo que fue a una edad de más o menos 7 años (comía en casa de un amigo), en la mesa estábamos él, su madre y yo, espontáneamente surgió esa pregunta incluso sin ser mi madre o mi familia quien la hiciera:

-¡Yo quiero ayudar a mucha gente! (respondí con los ojos risueños, tronando los cubiertos contra el plato)

 a tal gesto de ternura ella prosiguió:

 -Pero, ¿como crees que podrías ayudar a mucha gente?

 –¡Pues así como Spiderman, quiero ayudar a la gente!

 Esto (recuerdo) hizo que soltara una carcajada y en un efecto dominó, todos en la mesa reímos.

A mi entender fue un momento memorable y lo rememoro en este momento porque justamente de eso quiero hablar. Con el crecimiento físico y mental, van transcurriendo diferentes circunstancias en la vida:  se corta la inocencia de un día para otro. Pues en eso se basa la sociedad actual, en tratar de agilizar cada vez más los tiempos y que madurez cada vez más rápido.

Este “fenómeno” desequilibra los tiempos acerca de tu crecimiento personal y por lo tanto te hace saltar etapas en tu vida las cuales debieron pasar; o más lento o más rápido.  Esto podría explicar la “precocidad” en general, me refiero a precocidad intelectual, familiar, entre muchas otras.

Me centro en esa experiencia que tuve, escondido allí tenía ya a esa corta edad la expectativa de ser alguien que pudiera ayudar a millones de personas. Con súper poderes (condicionado por lo que muchas veces te “educa” o desinforma “la televisión“), pasaron los años y me pareció una idea estúpida, distintas circunstancias, y lo que era para mí una vocación se convirtió en un sueño de inmadurez; Pues en eso se ha convertido todo, en madurar y dejar ese niño interior muy enterrado.

Desde hace un tiempo he tenido una especie de presentimiento, en el cual siento que todo no debe seguir de la misma manera, me refiero a que esa expectativa que murió (en mi “madurez”),  de algún modo renació y me indica que esa inocencia puede ser moldeada y practicarse: todas esas ganas de ayudar y trascender siguen estando allí, la manera de ayudar es la que ha cambiado, eso sí se ha moldeado. 

 La inocencia no se puede referir solo al hecho de ser niño, también podemos guardar de esa inocencia e imaginación a una edad más avanzada, sin que sea incoherente.

Sin darnos cuenta mandamos a callar a ese niño que éramos, por tanto ese niño interior sigue en su lucha por ser escuchado, a veces limítate a escucharlo, sé que no seré Spiderman pero al menos espero aportar un grano de arena más, grato seria que de verdad puedan entender mi punto y de algún modo aplicarlo a su realidad, me despido con una palabra clave:

Autosugestión

De auto- y sugestión.

1. f. Sugestión que nace espontáneamente en una persona, independientemente detoda influencia extraña. (Diccionario de la Real Academia Española).